Cervantes entre nosotros

En un año más, el 23 de abril de 2016, se conmemorarán los 400 años de la muerte de Miguel de Cervantes. La espera de esa fecha no se hará larga. Cervantes, que nunca nos ha abandonado, goza de una renovada popularidad en estos días.

En Madrid, hace apenas un mes, fueron identificado sus restos mortales, hallados el 23 de febrero. Como señaló el diario El País, “no está garantizado al cien por cien que los restos hallados sean de Miguel de Cervantes Saavedra porque falta la prueba de ADN”, pero “es posible” que “algunos fragmentos” de huesos hallados en la iglesia de las Trinitarias, de Madrid, sean suyos. Culmina de este modo una larga búsqueda, llena de frustraciones y esperanzas no concretadas.

En Chile Cervantes también goza de buena salud. En el Teatro Municipal de Las Condes, se está dando, a tablero vuelto, una nueva versión de “El hombre de la Mancha”, obra notable que combina de manera atractiva las penas y pesares del propio Don Miguel y las de su legendario personaje, Don Quijote.

Aunque con grandes diferencias en la vida (real) de uno y (ficticia) del otro, los dos personajes compartieron duras pellejerías. Las del Quijote se conocen bien, aunque no todos hayan leído los dos tomos de sus aventuras. Todo el mundo sabe que este “pobre caballero”, cuyo apellido nunca quedó muy claro –si Quijada, Quijano o Quesada- “del mucho leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio”. El resultado, escribió Cervantes, fue que a Don Quijote “le pareció convenible y necesario… hacerse caballero andante e irse por todo el mundo.

No recorrió el planeta en su integridad pero, según calculó la Dirección de Turismo de España en 1966, el caballero de la triste figura habría recorrido en sus tres viajes unos 805 kilómetros.

Cervantes tuvo horizontes más amplios.

Antes de cumplir los 33 años había viajado por Italia, luchó en Lepanto y en 1575, cuando regresaba a su patria en la goleta Sol fue capturado por piratas berberiscos. Su prisión duró cinco años y vivió en ellos más peripecias que Don Quijote, tratando de huir más de una vez, siendo condenado a muerte en diversas oportunidades porque su nivel cultural lo hacía sospechoso de una gran fortuna.

En los años siguientes, pese a que había decidido dedicarse a la literatura tras el éxito de La Galatea, tuvo problemas con la Iglesia Católica, que lo excomulgó y pasó por períodos de pobreza. En uno de esos duros momento, comenzó a escribir el Quijote.

Años más tarde, cuando su obra era apreciada por toda Europa, un admirador llegó a decir: “Si necesidad le ha de obligar a escribir, quiera Dios que nunca tengas abundancia para que con sus obras, siendo pobre, haga rico a todo el mundo”.

Ni Don Quijote lo habría expresado mejor.

A. S.
Abril de 2015
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas