DOCUMENTO

Cámaras ocultas.

 

Señor Director:

La ética periodística plantea casi siempre casos de difícil solución. Un tema recurrente es el de las cámaras ocultas. En más de dos décadas de existencia, el Consejo de Ética de los Medios de Comunicación ha debido enfrentar diversas denuncias al respecto.

Las primeras se referían a situaciones pretendidamente humorísticas, cuyas víctimas se quejaban de verse obligadas a participar sin advertencia previa en situaciones que las ponían en ridículo.

En noviembre de 1994, cuando TVN presentó la grabación de una funcionaria pública que estaba recibiendo dinero a cambio de no cursar una infracción laboral, se analizó por primera vez el tema en relación con el trabajo de un equipo periodístico. El caso ha sido estudiado incluso en instancias internacionales.

El Consejo, en su resolución N° 30, hizo un estudio detallado del caso y separó en tres las etapas de la nota periodística: la grabación de la denuncia del industrial afectado, la grabación de la transacción, hecha en la calle, y el momento final, en que la presunta autora del delito de cohecho es encarada por el periodista y acusada de cometer un delito.

Concluyó que "las dos primeras escenas, aunque plantean cuestiones de indudable dificultad, no presentan problemas éticos de fondo ni forma". Se cuestionó, en cambio, la tercera escena, en la que la persona fue sorprendida y se le acusó en cámara sin que se le diera la oportunidad de reaccionar para defenderse (falta a la presunción de inocencia y atentado contra la dignidad de la persona).

Este caso sigue siendo un modelo sobre un tema tan complejo y apunta a lo que ha sido la norma: cada caso debe examinarse en su realidad concreta. El uso de la cámara escondida no está condenado, pero sí se reconoce que ello debe hacerse con sumo cuidado. Así lo ha reiterado este Consejo en numerosas ocasiones.

El tema de fondo, y así lo acaba de determinar la Corte Suprema en lo ocurrido con Chilevisión y la Dra. Luisa Cordero, es que en estas situaciones se produce inevitablemente un conflicto entre la libertad de expresión y la intimidad de las personas.

En su análisis -que sigue vigente-, el Consejo reiteró su defensa de la libertad de expresión y el periodismo de denuncia. Pero hizo ver que era indispensable un análisis de lo que estaba investigando y de la manera como tratarlo, evitando la invasión injustificada en la vida privada de una persona. Es lo que ha dicho la justicia al determinar que en el caso de la doctora Cordero "hubo una razonable proporción entre el interés que los periodistas buscaban saber... y el medio escogido, por lo que no se advierte interferencia ilegítima a la intimidad de la afectada".

Es una sana doctrina.

Abraham Santibáñez
Presidente Consejo de Ética de los Medios de Comunicación
Publicado en Cartas al director de El Mercurio
Sábado 24 de agosto de 2013