Preguntas sin fin

No duraron mucho las dudas sobre la muerte de Osama bin Muhammad bin Awad bin Laden, mundialmente conocido como Osama bin Laden. La rúbrica la puso la propia organización terrorista Al Qaeda, el viernes.

Antes hubo varios intentos por darle muerte. A fines de 2001 se realizó el más recordado. Una gran arremetida contra Tora Bora, en Afganistán, en cuyas cavernas se creía que estaba refugiado bin Laden, terminó en lastimosa frustración.

Esta vez, la operación tuvo éxito. Pero ¿qué viene ahora?

Son múltiples las interrogantes. El primer cuestionamiento surge de la forma –mediante tortura a prisioneros- cómo se enteraron los norteamericanos del paradero de bin Laden. Luego están las preguntas que dejó la incursión misma. Además de las críticas a la decisión de arrojar el cadáver al mar, hubo protestas por la decisión de no entregar fotos de su cadáver. También se duda del papel real que desempeñaba actualmente bin Laden.

¿Explicaciones? La tortura sería la única manera de quebrar el silencio. En Chile se decía, con gracia siniestra, que para hacer una tortilla es inevitable romper huevos. Respecto del funeral, el argumento es doble: el respeto de las costumbres musulmanas que obligan a hacerlo rápidamente, y el obvio deseo de impedir que el lugar se convirtiera en sitio de peregrinaje.

Lo que si es seguro es que está naciendo un mito. Responsable de miles de muertes (los atentados contra las torres gemelas y diversos otros lugares del mundo llevan su sello) el sueño bin Laden de poner en marcha una revolución islámica no se cumplió. Pero ahora su figura se agiganta y genera inéditas tensiones y nuevos temores.

Las relaciones de Estados Unidos con el gobierno pakistaní han entrado en una incierta etapa. El ministro de Relaciones Exteriores, Salman Bashir, se quejó por la falta de confianza. Agregó un antecedente: hace dos años transmitieron a Washington sus sospechas acerca de la mansión en Abbottabad

No es un dato menor. Con esa información, hasta un chileno, mirando en google, puede averiguar cómo se llega. Desde Islamabad se muestran tres caminos posibles. Se tarda menos de dos horas. Ya en la hasta ahora tranquila localidad las indicaciones son muy precisas: “Gire a la izquierda hacia Awami Road/Jinnah Road (1,4 km); en la rotonda tome la segunda salida en dirección a la supercarretera Karakoram (600 m); gire luego a la izquierda (96 m); y finalmente a la derecha (54 m)”.

Una vez allí, agregó un enviado del diario El Mundo, “para llegar hasta la calle donde residía Osama Bin Laden hay que cruzar un centro de reclutamiento de la Marina, dejar a un lado la inmensa Academia Militar de Pakistán y pasar un cartel que pide civismo a los habitantes de esta tranquila localidad del valle de Orash. ‘Amamos a nuestros niños. Conduzca despacio’".

¿Fácil? Parece que sí, pero los seals, las tropas de elite norteamericanas, optaron por trasladarse en helicópteros desde Afganistán para asegurar su éxito.

En 38 minutos bin Laden estaba muerto y su cadáver iba rumbo al mar Arábigo.

A. S.
6 de mayo de 2011
Publicado en los diarios El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas