Paraíso para explotadores

 

El pasado 24 de abril, la joven costurera Reshma Islam, de 18 años, inició como siempre su trabajo en el edificio Rana Plaza, en Daca, la capital de Bangladesh. De ocho pisos, la construcción había mostrado grietas amenazantes en los días anteriores. Los ocupantes de las plantas más bajas, un banco y varias tiendas, optaron por irse y cerrar sus puertas. No así el taller donde laboraba Reshma. Un cuarto para las nueve de la mañana, el edificio se vino abajo.

Según se estableció, luego de semanas de búsqueda en la montaña de escombros, en total murieron 1.127 personas y dos mil quinientas fueron halladas con vida. Se registró una cifra similar de heridos. El 10 de mayo, los rescatistas escucharon una débil voz de mujer que pedía ayuda. Como dijo su hermano Zahidul: “Fue un milagro”. Reshma Islam estaba viva y en vías de rápida recuperación. Tras el derrumbe, quedó encerrada en el espacio entre un pilar y algunas vigas. Se alimentó de unas galletas que había llevado como “colación” al trabajo y agua que encontró entre los restos del edificio. Y, lo más importante: “Nunca perdió la esperanza”.

Vivir en Bangladesh obliga a no perder nunca la esperanza.

Aunque su historia es larga, solo en 1971 obtuvo la independencia. Antes era parte de Pakistán, cuyo territorio principal está al poniente a 1.600 kilómetros de distancia, con la India entremedio. El territorio de la bahía de Bengala es muy fértil, pero peligroso debido a las frecuentes inundaciones. Por ello y otros factores, es un país muy pobre, con 600 dólares de ingreso per capita. Pero –de nuevo la esperanza- en 2005 la consultora Goldman Sachs incluyó a Bangladesh entre los “once países del mundo que se presentaban como economías promisorias para la inversión y para un futuro crecimiento económico”: los bautizó como “Próximos once”.

El resultado de esta clasificación (o bien por el atractivo de un sueldo mínimo de unos quince mil pesos chilenos) fue que el país se convirtió en un imán para los inversionistas, en especial grandes marcas de ropa: Benetton, Bonmarché, Cato Fashions, Children's Place, el Corte Ingles, Joe Fresh, Mango, Matalan, Monsoon, , Primark, y Walmart.

En este “paraíso fiscal” (o “zona franca”) las empresas no solo pagan poco. Tampoco se preocupan por la seguridad de sus trabajadores. El colapso del Rana Plaza no es el primero, pero es el peor.

Hasta ahora ha habido dos reacciones positivas: 1.- el gobierno de Bangladesh detuvo y va a enjuiciar a doce personas, incluyendo al propietario del edificio, y clausuró 18 fábricas textiles por inseguras. 2.- Las marcas favorecidas por los bajos salarios están siendo presionadas fuertemente por la Unión Europea y organizaciones humanitarias para que no sigan beneficiándose con la explotación de los trabajadores.

Una petición dirigida a algunas de estas firmas por Alex Wilks, de la ONG Avaaz, señaló: “Sus empresas y otras multinacionales gozan de mano de obra barata, y podrían hacer mucho más para reducir los peligros en los lugares donde se elaboran sus productos”.

Queda por saber cómo reaccionarán.

 

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A. S.
17 de mayo de 2013.
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas