Terrorismo sin fronteras

Finalmente el terrorismo islámico recurrió al español. El miércoles pasado, como epílogo de los atentados en Cataluña que costaron 15 vidas, un joven vocero yihadista, Muhammad Yasin Ahram Pérez, apodado Al Qurtubi, “El Cordobés”, apareció en un video nada tranquilizador. Su mensaje fue contundente: “El yihad no tiene fronteras, haced la yihad donde podáis y Alá estará complacido con vosotros”.

En consonancia con lo recién pasado, pudo haber hablado en catalán. Pero el idioma es lo de menos. Lo que importa es que, ahora, todo el país (y también toda Europa) se siente en peligro. Es posible que en muchos españoles se reavive el recuerdo de la dominación musulmana. Fue un proceso largo y complejo que empezó en 711 y que solo terminó siglos más tarde. Los Reyes Católicos acabaron la reconquista de España el 2 de enero de 1492 con la toma de Granada. El emir Boabdil, de la dinastía Nazarí, tuvo que abandonar la ciudad. Un efecto importante fue el fin de la tolerancia religiosa. En 1492 los judíos fueron expulsados y se prohibió el culto islámico en Granada.

Lo que se llamó entonces la “reconquista” ocurrió hace cinco siglos. Pero cabe preguntarse si para algunos líderes del Estado Islámico puede ser un período suficiente para iniciar la reconquista de la reconquista. Es decir, la islamización de Europa. En rigor, el proceso, cuyo inicio según sectores conservadores se debe a la inmigración del último medio siglo, ya estaría en desarrollo. Lo que cambia son los procedimientos. Casi un siglo después de la disolución en 1924 del último califato (el Imperio Otomano), se anunció en 2014 el nacimiento de un nuevo califato en áreas controladas por el Estado Islámico en Irak y Siria.

Ese año en un resumen de la situación, la BBC señaló que lo que se conocía hasta entonces como el Estado Islámico había “proclamado a su jefe Abu Bakr al Baghdadi como califa” -ahora lo llamarán Califa Ibrahim- y "gobernante de los musulmanes allá donde estén. Su dominio, se aseguraba, “se extenderá desde Alepo en el norte de Siria hasta la provincia de Diyala en el este de Irak, donde regirá la estricta interpretación que el grupo tiene de la ley islámica”. El nuevo califato demandó a todos los musulmanes “jurar lealtad” al nuevo califa y “rechazar la democracia y otra basura de Occidente”.

Fue una declaración de guerra que fue mirada con escepticismo. Solo en los años siguientes se ha captado toda su magnitud.

No es una guerra convencional. Sus soldados no están organizados como un ejército convencional; casi nunca se conocen entre ellos, pero han recibido a la distancia una formación sistemática y se comunican vía Internet y redes sociales. Usan explosivos y armas tradicionales y también, como se vio en los últimos atentados, pueden emplear diferentes vehículos, generalmente camiones, para arremeter contra peatones inermes. Fue lo que ocurrió en Niza en julio de 2016, en las orillas del Támesis en marzo pasado y ahora en las Ramblas de Barcelona.

Todo esto significa, evidentemente, que la guerra está declarada y va en serio.

Podría ser la Tercera Guerra Mundial. Habrá nuevos atentados y nuevos mensajes no solo en árabe, inglés y castellano. Y lo peor es que hasta ahora -en plena era Trump- no hay claridad en cómo enfrentar el desafío.

A. S.
Agosto de 2017
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas