El arte de entrevistar

Las libertades de información y de opinión –garantizadas en Chile por la Constitución y por la Ley de Prensa- reconocen a todas las personas el derecho a informar e informarse y a opinar. A muchos periodistas les gustaría restringir el campo, en especial en lo propiamente profesional como reportajes y entrevistas. Se argumenta que hay habilidades –innatas o adquiridas en la Universidad- que garantizan una mejor entrega informativa.

Con frecuencia se plantea que una entrevista, aunque esté bien preparada, siempre debe enfrentar imprevistos. Es frecuente que una respuesta abra nuevas interrogantes ante las cuales el periodista debe estar dispuesto a revisar su libreto y no dejar escapar un aspecto inesperado.

No ocurrió así con la comentada entrevista al ministro Nicolás Eyzaguirre que realizó el rector de la U. Diego Portales, Carlos Peña.

Pregunta el rector:

-En el caso del sistema universitario, ¿se mantiene el objetivo de gratuidad universal para los estudiantes de las instituciones que adscriban al sistema de equidad?

Responde el ministro, haciendo estallar una bomba noticiosa:

-Cumpliremos el objetivo de la gratuidad universal, pero de manera eficiente. Cuatro años de estudio -lo que duraría un college - me parece un objetivo sensato de financiar para un país de 20.000 dólares per cápita. Lo que exceda a ese lapso debiera ser financiado con cargo a la renta futura del estudiante u otra forma equivalente. Eso compatibiliza correctamente, me parece, gratuidad con esfuerzo personal, y ayudaría a promover los estudios generales a partir de los cuales pudiera seguirse una formación especializada o profesional.

Aquí un entrevistador más experimentado debió reaccionar.

¿Cómo?

Haciendo notar que, al aparecer un nuevo elemento en la ecuación, cabe pedir más detalles. A la luz de la consiguiente tormenta comunicacional, el ministro seguramente habría agradecido la posibilidad de explicarse mejor.

No fue así.

En los días siguientes, en medio de un intenso debate, tanto en entrevistador como el entrevistado debieron dar explicaciones.

El ministro partió con la excusa clásica, que lamentablemente carga los dados al periodista o entrevistador: “Fui mal interpretado”. Más tarde optó por reconocer que lo que se publicó era lo dicho y era su culpa no haber sido suficientemente claro.

El entrevistador, por su parte, planteó algo obvio: lo que transcribió fue lo que efectivamente dijo el entrevistado.

La pregunta que persiste es si basta con ser un buen transcriptor de textos. A estas alturas del desarrollo tecnológico, ello podría hacerlo mejor una buena grabadora.

A. S.
Julio de 2014
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas