Al principio fueron los ingleses

El Presidente Barack Obama quiere evitar que la de Afganistán sea “una guerra sin fin”. Tampoco quiere que ese país se convierta “en un refugio para los terroristas”.

Lo proclamó el jueves pasado al confirmar el retraso de la retirada total de las fuerzas norteamericanas. Anteriormente, en cumplimiento de una promesa de la campaña electoral, había dicho que los últimos soldados (9.800 en la actualidad), saldrían antes del término de su gobierno en enero de 2017. Más de la mitad del contingente se quedará para mejorar el entrenamiento de las fuerzas del gobierno. “Las fuerzas afganas no son todavía tan fuertes como deberían”, reconoció Obama. No dijo que se impuso una realidad que no es nueva: las guerras en Afganistán siempre duran mucho más de lo proyectado.

En la semana anterior al anuncio, los rebeldes talibanes, aliados a Al Qaeda, habían tomado Kunduz. En catorce años de guerra esta fue la primera ciudad controlada por ellos. Según la prensa norteamericana, fue un shock brutal. Pero la ocupación duró poco y en definitiva el gobierno –apoyado por Estados Unidos- recuperó Kunduz.

Nadie, sin embargo, subestimó tan grave advertencia.

Hacer la historia de las guerras de Afganistán es un tema largo. En los tiempos modernos los primeros invasores fueron los británicos. Lograron conquistar India y Pakistán, pero no doblegaron a Afganistán.

En 1919, cuando se independizó, subsistían numerosos problemas. Encerrado entre altas montañas y con una sociedad musulmana patriarcal, Afganistán era uno de los países más pobres del mundo. En plena Guerra Fría, Mohammed Daud Khan, quien derrocó al rey Zahir Sha en julio de 1973, ofreció un cambio radical. Pero no lo logró. En 1978 fue ejecutado y en su reemplazo se proclamó la República Democrática con el apoyo de la Unión Soviética.

Lo que siguió fue el enfrentamiento entre el gobierno y el fundamentalismo talibán. Fue una situación típica de la Guerra Fría: cada facción tenía como aliado a una de las grandes potencias. Los talibanes forzaron la retirada de las fuerzas soviéticas. Pero no hubo paz. Y. mientras continuaba la inestabilidad interna, el 2001, después del ataque a las torres gemelas de Nueva York, Estados Unidos declaró la guerra a un régimen que –junto con Irak- era considerado como “el eje del mal”.

Catorce años después todavía no hay paz.

Y, como lo acaba de decir el Presidente Obama, el gran temor es que esta guerra contra los talibanes amenaza con transformarse en un conflicto sin fin. Ahora son los norteamericanos. Antes, los rusos. Y antes, los ingleses…

A. S.
Octubre de 2015
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas