Fecundos 130 años

Este 5 de junio se cumplen 130 años desde la creación de la Academia Chilena de la Lengua, la más antigua de las seis que se amparan bajo el alero del Instituto de Chile. No es mucho si se compara con la venerable RAE, la Real Academia Española, que en 2013 celebró con pompa y circunstancia sus tres siglos de existencia.

En sus inicios, la Academia Chilena contaba con dieciocho miembros nombrados por la RAE. Hoy día llegan a 36. En la actualidad son 22, desde Estados Unidos a Filipinas, unidas a partir de 1951 en la Asale, la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Todo esto parece solo un recuento de circunstancias, obligado tributo a un organismo cuyo propósito es “velar por la pureza y el esplendor de la lengua española”, tal como lo define su estatuto. Es un objetivo más realista que el proverbial, que se resumía en tres conceptos: “limpia, fija y da esplendor”. Ya sabemos como se puede comprobar todos los días, que es imposible “fijar” la fluidez del lenguaje, pero sí no se limpia, se vela por la pureza y, sobre todo, se lucha con denuedo por el esplendor. Y quienes lo hacen, en Chile, constituyen un universo variopinto, lleno de vida y contrapuestos intereses: académicos de fuste que se alternan con poetas y escritores y un pequeño núcleo de periodistas.

Hay diferencias internas, por supuesto, pero no alcanzan el nivel de discusión que tuvo la RAE en el pasado, crudamente retratada por Arturo Pérez Reverte en su último best-seller: Hombre buenos. Se trata de una versión novelada de un épico viaje que emprendieron a fines del siglo XVIII dos académicos a los cuales se les encomendó adquirir en París los 28 volúmenes de la revolucionaria Encyclopédie. El acuerdo no fue fácil y el viaje tampoco ya que algunos académicos –por distintas razones- no creían conveniente que un texto tan incendiario llegara a España.

La Academia Chilena no registra episodios tan espectaculares, pero ha sobrevivido a no pocas peripecias en estos 130 años. Poco después de su fundación sufrió el embate de las tormentas que culminaron en la Guerra Civil de 1891. La corporación solo reabrió sus puertas en 1915. En 2010, cuando estaba todo preparado para la celebración del 2 al 5 de marzo, del V Congreso Internacional de la Lengua Española (V CILE), bajo el lema «América en la lengua española», la naturaleza le jugó una mala pasada: el terremoto del 27 de febrero que obligó a suspender los actos programados en Valparaíso.

Fue un duro golpe. Pero no tuvo un efecto paralizador. Después de todo, la academia ha sido largamente testigo y partícipe de la vida cultural chilena. Desde 1943, 31 de sus académicos han recibido un Premio Nacional, el primero de los cuales fue para Joaquín Edwards Bello.

El más reciente, en 2012, lo recibió el poeta Oscar Hahn.

A. S.
Mayo de 2015
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas