50 años después

Desde Gabriel González Videla hasta Salvador Allende, cinco presidentes de Chile fueron elegidos en la misma fecha: el cuatro de septiembre. Con el tiempo, ese día se convirtió en un símbolo de nuestra democracia.

El recuerdo de esos años se ha ido agrandando, hoy la fecha en un ícono. Cada sector de nuestra sociedad la asocia a una figura inolvidable: el radical González Videla; Carlos Ibáñez, el dictador transformado en el “general de la Esperanza”; “el Paleta” Jorge Alessandri, el hombre austero; Eduardo Frei, líder de la Revolución en Libertad, y Salvador Allende, que ofreció una revolución con empanadas y vino tinto.

El derrocamiento de Allende impidió que se mantuviera la fecha de las elecciones y su simbolismo. Pero los recuerdos, como se acaba de ver con motivo de los 50 años de la elección de Frei, se fortalecen. La celebración unió esta vez dos grandes corrientes que estaban distantes en la crisis de 1973: la Democracia Cristiana y amplios sectores de la Unidad Popular.

Hace medio siglo, en plena Guerra Fría, era impensable que el hijo de Frei garantizara, como lo hizo ahora, el apoyo de la DC a las transformaciones que impulsa el gobierno de Michelle Bachelet: “Presidenta, tenga la certeza de que…. todos los demócratas cristianos la están apoyando. Cuente con nosotros”. O que, una gobernante socialista, destacara su convicción de que “el Presidente Eduardo Frei Montalva comprendió que el momento histórico de Chile albergaba una necesidad impostergable, superar el atraso productivo y la marginación social que vivía Chile, y esa necesidad con la esperanza de una nueva generación, comprometida con su patria, dispuesta a dar lo mejor de sí para construir una comunidad de ciudadanos”.

Para quienes vivimos la campaña que culminó el 4 de septiembre de 1964, hay algunos hitos indelebles, en especial la marcha de la Patria Joven y su culminación en el actual Parque O´Higgins. El discurso de Frei sigue suscitando las mismas emociones, las mismas esperanzas y el mismo entusiasmo. Sin soberbia, el candidato hizo una serie de promesas:

Realizar la democracia, de veras y no formal; realizar la justicia de veras y no en palabras; realizar el desarrollo económico de veras y no en las estadísticas. Para eso estoy llamando a todos los chilenos, y la respuesta desde la izquierda y la derecha es generosa, porque es sin condiciones a un programa de gobierno del cual sólo es dueño el pueblo de Chile”.

Desde entonces se avanzó mucho. También hubo retrocesos. Hoy el panorama que ofrece la Nueva Mayoría, pese a evidentes dificultades, es auspicioso.

A. S.
Septiembre de 2014
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas