Seguimos en deuda

 

Este 2012 que ya termina, fue un año de recuerdos –lamentablemente sobrios y medidos en exceso- del bicentenario de la Aurora de Chile. Cuando, en mayo de 2010 se inauguró en Santiago el postergado monumento a fray Camilo Henríquez, creíamos que sería el comienzo de una serie de festejos. Pero en definitiva, periodistas, estudiantes de periodismo y la industria puesta en marcha por La Aurora, se mostraron reticentes. Se hizo algo, pero poco.

El Colegio de Periodistas estableció un premio que ganó merecidamente Alberto “Gato” Gamboa. La Asociación Nacional de la Prensa le dedicó su encuentro anual y en la revista del gremio su presidente, Alvaro Caviedes, miró al futuro: “Estos son sólo los primeros doscientos años y la prensa nacional se encuentra aún plenamente vigente y vigorosa. Son doscientos años de papel, pero no podemos quedarnos en eso... Y en ese sentido, el mundo digital nos plantea un enorme desafío que toda nuestra industria debe afrontar, pero a la vez abre un mundo de oportunidades que no podemos desaprovechar”.

Insospechadamente, quien mejor recogió el guante de los 200 años de La Aurora de Chile, fue la Academia Chilena de la Lengua. Hace unos días, cerrando un ciclo, el periodista Héctor González, académico de número y director emérito de El Rancagüino, disertó ante el plenario acerca de “los hombres de La Aurora”.

Camilo Henríquez fue el más prominente, pero, como sostuvo González, en torno suyo se formó un núcleo trascendente. En él figuran los tipógrafos norteamericanos que viajaron con la prensa que importó Mateo Arnaldo Hoevel. A ellos se sumaron un inglés que hacía las traducciones y otros chilenos que fueron aprendiendo los secretos del periodismo y de la tipografía.

Todos, adicionalmente, se involucraron en la lucha por la independencia. Sufrieron el rigor de la derrota de Rancagua, que obligó en 1814 a Henríquez a exiliarse igual que otros patriotas. Ninguno, sin embargo, tuvo un final tan desafortunado como el tipógrafo William Burbidge. El 4 de julio, día de la Independencia de Estados Unidos, después de la fiesta celebrada en la casa del Cónsul, murió en “un confuso incidente”. Alcanzó a vivir apenas medio año en Chile tras un viaje que demoró cuatro meses.

En materia de libros hubo un digno pero pequeño despliegue: el profesor universitario Horacio Hernández editó la obra “200 años de la Aurora de Chile”, escrita por su abuelo, el periodista e historiador Roberto Hernández; la USACH y el Círculo de Periodistas de Santiago publicaron conjuntamente, como resultado de un concurso, “200 años de la prensa en Chile”.

La mayor solemnidad la tuvo, en junio pasado, la celebración de “una sesión extraordinaria” de la Academia Chilena de la Lengua. En ella se presentó el libro en tres tomos “Biografía y escritos de fray Camilo Henríquez”, del periodista y abogado Fernando Otayza.

A la hora del balance, no cabe duda de que la Academia Chilena de la Lengua fue la institución que mejor recordó al padre de la prensa nacional. Pero claramente nuestra sociedad sigue en deuda.

 

A. S.
23 de noviembre de 2012.
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas